Cada semana millones de españoles repiten el mismo gesto casi sin darse cuenta. En el supermercado cogen una docena de huevos de una estantería a temperatura ambiente, los meten en el carrito y, al llegar a casa, los colocan directamente en la nevera. La escena es tan habitual que pocas personas se detienen a pensar si tiene sentido.
La pregunta aparece una y otra vez en redes sociales y foros de alimentación: si los huevos necesitan frío, ¿por qué no se venden refrigerados? Y, sobre todo, ¿qué es lo correcto una vez llegan a casa?
Los especialistas en seguridad alimentaria coinciden en que los huevos pueden comercializarse a temperatura ambiente porque durante todo el proceso de distribución se evita romper esa estabilidad térmica. Lo que sí puede favorecer la aparición de problemas es alternar continuamente entre frío y calor, ya que esos cambios generan condensación sobre la cáscara y esa humedad facilita la proliferación de microorganismos.
Del supermercado al frigorífico
Aunque en el lineal no estén refrigerados, los expertos aconsejan conservar los huevos en el frigorífico desde el momento en que se compran. El objetivo no es tanto "enfriarlos" como mantener una temperatura estable hasta su consumo.
Esa refrigeración ayuda a ralentizar el crecimiento de bacterias que pudieran encontrarse en la superficie del huevo y reduce el riesgo de contaminación si la cadena de frío no vuelve a romperse.
De ahí que una de las recomendaciones más repetidas sea sencilla: si los guardas en la nevera, procura que permanezcan siempre refrigerados hasta utilizarlos.
La puerta no es el mejor sitio
Muchos frigoríficos incorporan un compartimento específico para colocar los huevos. Sin embargo, no siempre es el lugar más recomendable.
Cada vez que se abre la puerta, esa zona experimenta pequeñas variaciones de temperatura que no afectan igual al resto del frigorífico. Por eso, los especialistas recomiendan colocarlos en una de las baldas centrales, donde la temperatura permanece mucho más constante.
También aconsejan mantenerlos dentro de su envase original. Además de protegerlos frente a golpes, el cartón evita el contacto directo con otros alimentos y permite conservar información útil como la fecha de consumo preferente o el lote de producción.
¿Hay que lavar los huevos?
La respuesta general es no. La cáscara dispone de una fina película protectora natural que actúa como barrera frente a microorganismos. Lavar el huevo antes de guardarlo puede deteriorar esa protección y facilitar la entrada de bacterias a través de sus poros.
Si fuera necesario limpiarlo porque presenta suciedad visible, los expertos recomiendan hacerlo justo antes de cocinarlo, nunca varios días antes.
Los huevos no necesitan venderse en una nevera del supermercado, pero sí conviene mantenerlos refrigerados desde que cruzan la puerta de casa. No porque el frío elimine la salmonela, sino porque evita los cambios de temperatura que pueden favorecer su aparición y ayuda a conservar el producto en mejores condiciones hasta el momento de consumirlo.

